La regla fiscal: sólo Uribe podía equivocarse

Luis Rodrigo Tabares Pérez

 No se precisa ser un hábil economista para entender los afanes del gobierno que termina, por dejarnos a las puertas de la felicidad programada, a través de un apretón sobre un fantasioso futuro, que no nos regalamos cuando lo que teníamos era un espectacular presente.

 Son esas acciones de estertor encaminadas a preparar el humo que permita el retiro y la defensa, antes que asumir responsabilidades históricas, y juicios políticos enmarcados en verdaderas rendiciones de cuentas que respondan ante la ciudadanía, por el poder de ochos años que les endosó ésta en las urnas.

Palabras más palabras menos, el proyecto denominado “regla fiscal”, que el actual ejecutivo intenta dejar entronizado, no es otra cosa que “tasarle” la bonanza al nuevo gobierno, amarrándolo en la bonanza que parece vislumbrarse a partir de la entrega de los recursos naturales a discreción, objeto principal de la insaciable “confianza inversionista”.

Hasta el más desprevenido demócrata observó el despilfarro de la “bonanza gratuita” que tuvo este gobierno, tomando las decisiones más absurdas con relación a la macroeconomía, el endeudamiento, los subsidios y exenciones irresponsables, el crecimiento desbordado del populismo, la manipulación de encuestas e indicadores, los regalos semanales de papá Noel, y la financiación de la guerra que crecía en la medida en que los enemigos supuestamente disminuían.

Disminuir la pobreza jamás estuvo en las cuentas; generar un crecimiento sostenible tampoco fue parte de la agenda; atacar nuestro lamentable déficit de infraestructuras para la competitividad, se convirtió en una farándula donde los recursos aplicados jamás dieron respuesta a las expectativas que nos generaron en los diagnósticos de la seguridad democrática.

Reconozcamos al menos, que mediante la famosa regla fiscal, el gobierno central admite, sin ponerse colorado ni un minuto, que la deuda que deja, la misma que hereda Santos, es de 39.4% de PIB, y que este desbalance explica el desequilibrio fiscal del sector público no financiero, representando alrededor de 87% de la deuda pública total; cifras tomadas del documento del Comité Técnico Interinstitucional: http://www.minhacienda.gov.co/portal/page/portal/MinHacienda/DOCUMENTO%20REGLA%20FISCAL%20PARA%20COLOMBIAF.pdf).

Ahora la regla fiscal se justifica diciendo que la “autoridad fiscal, (Santos, no Uribe), tiene como objetivos fundamentales, la estabilidad macroeconómica, el crecimiento y el bienestar general”, y que por lo tanto toca “amarrar” al ejecutivo de turno para que no gaste más en época de vacas gordas. Nadie más puede equivocarse, y punto.

Obviamente no dicen nada de los despilfarros de los ocho años, así fuera para pedir “perdón y olvido”. Lo dicho: Santos que se tenga firme, porque este país se lo dejan debidamente “programado”. Como quien dice: la marca Uribe, no se plagia.

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