LAS PALABRAS SON FUERZA

Por Camilo Giraldo Giraldo

Periodista

 Las palabras no solamente son símbolos o sonidos. Las palabras son fuerza que construye o destruye; una fuerza que influencia a quienes va dirigida, pero también a quien las emite.

Los estados mentales, y quizás la buena salud o la enfermedad, son creados por la persona a través de las palabras que piensa y pronuncia, y de las que adopta como verdad para su vida reveladas en sus expresiones diarias. Por eso, las palabras en su conjunto son el poder que se tiene para crear una vida de ventura y armonía o de tristeza y confusión.

Dice Miguel Ángel Ruiz en su libro Los cuatro acuerdos (ed. Urano, 2005), que el primer compromiso que debe asumir una persona cuando decida vivir el reino de los cielos, aquí y ahora, es: “Sé impecable con tus palabras”. Aclara que por impecable se entiende sin-pecado, es decir, sin falta, sin yerro, y que pecado es cualquier acto que va en contra de uno mismo.

En ese sentido, las palabras sin pecado, o impecables, son expresiones que edifican al emisor y a los oyentes; y aunque el impacto, positivo o negativo, de las palabras está en relación directa con la intensidad de la emoción que las acompaña, las palabras de por sí ayudan a generar o a resaltar las emociones. Por ejemplo, si lanzo un insulto a otro, en realidad utilizo esa palabra contra mí mismo, pues el veneno emocional que la genera se quedará y se desparramará en mi propio interior. Además, el otro me odiaría, lo que tampoco sería bueno para mí.

Según Ruiz, las palabras también son magia y magos los seres humanos que las usan. Cuando se hace uso de la palabra para crear caos, miedo y duda, la considera magia negra; el uso contrario es hacer magia blanca, con cuya práctica, dice él, las personas se rodean de armonía, profunda calma interior y, por consiguiente, tienen una vida más plena.

Esta reflexión invita entonces a estar conscientes de los hechizos que a diario nos lanzamos unos a otros por medio de las opiniones y los juicios expresados en las palabras, y a tener claro que toda palabra lanzada se devuelve a la fuente, quien sabe si con más fuerza. Como dice el citado autor: “Si te amo, tú me amarás. Si te insulto, tú me insultarás. Si siento gratitud por ti, tú la sentirás por mí. Si soy egoísta contigo, tú lo serás conmigo”.

Así pues, con las palabras que pensamos y expresamos estamos viviendo ahora mismo en el cielo o en el infierno. Todo depende: si las usamos para maldecir, culpar, herir…estamos en el infierno, o si las usamos para edificar, enaltecer, armonizar…permanecemos en el reino de los cielos.

“Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por medio de las palabras”. Miguel Ruiz.

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