OPINIÓN PÚBLICA INDUCIDA Y PSEUDOPINIÓN PÚBLICA


Por Jonathan Orozco

Quiero hablar del fenómeno llamado “opinión pública”, de su función en el andamiaje democrático, de su relación con los medios de comunicación y del problema que se da cuando la opinión pública es inducida, manipulada o suplantada para servir a ciertos intereses. Por lo anterior, quiero dejar claro que me referiré a temas meramente políticos, porque es posible hablar de opinión pública sobre otros temas como deportes, farándula, ciencia, literatura, etc. Se puede decir que este ensayo es una reflexión sobre lo que se conoce como la “comunicación política”.

Lo que pretendo decir no es algo nuevo para nadie y creo no equivocarme al decir que es una verdad que permanece suspendida en el ambiente de nuestra cotidiana realidad social y política.

Entiendo por “opinión pública” la “percepción masiva promedio que, de un hecho, tiene la ciudadanía en general”. Quiero resaltar la importancia de este fenómeno a través de dos funciones que algunos teóricos le han atribuido: (i) como forma de presión política y social y (ii) como forma de “control social”.

En cuanto a la primera característica, se dice que la opinión pública (en adelante O. P.) refleja los intereses de las personas a cerca de cierto tema, hecho, oportunidad, etc. que de alguna manera tiene trascendencia pública. Esta función se materializa cuando la O. P. casi que es una obligación tenerla como referente por el gobierno, el legislador u otra autoridad pública al momento de tomar un decisión a cerca de un asunto que tiene efectos públicos. Se podría decir que actúa como legitimadora de las decisiones del gobierno.

Un ejemplo que puede ilustrar esta función fue aquel que tuvo ocasión con el intento de reforma a la ley de educación superior, la cual trajo consigo la iniciativa de ánimo de lucro para las universidades. La gran movilización estudiantil, tanto pública como privada, y el apoyo de varios sectores sociales, terminó por dejar sin apoyo ciudadano la iniciativa del gobierno y obligarlo, por estrategia política, a retirar ese punto de la iniciativa de reforma.

En cuanto a la segunda función la O. P. ejerce el papel de “control social”. Es sabido que la sociedad crea algunas instituciones que se encargan de instaurar o  promover un cierto modelo de vida conforme a los valores o costumbres que la sociedad desea conservar. Estas instituciones reprimen, algunas veces coactivamente, a aquellas personas que se “desvían” de esa expectativa social. Entre estas instituciones se encuentra la religión, la familia, la educación, el derecho, la sociedad y algunas otras. Así pues, la O. P. se convierte en una herramienta a través de la cual la sociedad ejerce su control social sobre los individuos estableciendo una opinión como “dominante” a cerca de algún tema, de manera que los individuos que se encuentran en una opinión diferente o contraria, suelen ser más cautos al expresar sus ideas o no les resulta tan fácil expresarlas tal como lo haría una persona que comparta la O. P., esto porque saben que sus ideas están contrariando el pensar general.

Otro efecto que produce la O. P. como “control social” es que los individuos débiles de carácter o que no suelen formarse una opinión autónoma sobre un tema son fácilmente arrastrados por la opinión dominante, a la cual simplemente se adhieren.

La opinión dominante se erige como una realidad circundante que se impregna en el ambiente y se es absorbida, muchas veces inconscientemente, por los individuos que carecen de bases sólidas para formarse una opinión propia y sincera.

Un ejemplo claro de este fenómeno se puede evidenciar en la opinión que se tiene a cerca de los sindicatos y de la actividad sindical en Colombia. El común de las personas suelen asociar al sindicalismo otros calificativos como activistas, guerrilleros, problemáticos, enemigos de empresas, en lo que se conoce como la “cultura antisindical”. Es más usual y “normal” encontrar personas que repulsen con los sindicatos o que los asocien con otras ideas rechazadas socialmente, mientras que no es muy común encontrar personas que tengan una buena imagen de ellos o que sostengan, sin ningún reparo, que se encuentran de acuerdo con este tipo de asociaciones.

La explicación de por qué es más común que las personas creen apatía hacia los sindicatos (aunque no es la única), aun sin nunca haber tenido un contacto directo con ellos o sin conocer la actividad que estos ejercen, se explica por la O. P. que históricamente se ha tenido de ellos en Colombia, la cual es internalizada por los individuos en el marco de una expectativa social.[1]

Por todo lo anterior, por la importancia que adquiere la opinión pública a la hora de ejercer “presión política” y “control social” es que se convierte en un poderoso instrumento para la consecución de fines políticos y económicos. Es ahí donde este fenómeno se vuelve atractivo para aquellos que deseen favorecer cierto tipo de intereses cuando el público es un factor importante para sacarlos avante.

Hay dos maneras de lograr este objetivo, o sea, el de utilizar a la opinión pública para sus propios intereses: (i) induciendo a las personas a que opinen de cierta manera con respecto a cierto tema, lo que llamo opinión publica inducida o (ii) creando una aparente opinión pública dominante, la cual logra ejercer “presión política” o “control social” o simplemente influye a las demás personas hasta convertirse en una opinión pública dominante, a esta la quiero llamar pseudopinión publica.

A pesar de que existen muchas maneras de cómo se pueden dar las anteriores hipótesis, quiero abordarlas desde el papel que juegan los medios de comunicación al servicio de ciertos intereses políticos y económicos con respecto a la O. P. Se podría decir que los medios de comunicación y el fenómeno de la opinión pública funcionan de manera paralela. Por ello, es innegable el papel que cumplen los medios de comunicación en el momento de propiciar el debate, de recoger los ánimos de las personas, de crear el puente entre los diferentes públicos y de noticiar los hechos de interés público que luego serán objeto de opinión, en fin, los medios de comunicación son la plataforma a través de la cual se da el intercambio de información y el desarrollo de la opinión pública, y es por ello que quien logra controlar los medios de comunicación masivos, por lo menos los más vistos, tiene un gran control a la hora de “inducir” a la O. P. o de crear pseudopinión pública.

La primera hipótesis consiste en inducir, crear, modificar o promover cierta forma de pensar en el público con respecto a cierto tema. Pero entonces ¿cómo es una opinión pública no inducida? Es aquella a la cual se le presentan los hechos que verdaderamente tienen una trascendencia pública, a la que se le suministra información suficiente, clara, adecuada, actual, imparcial y objetiva. Con esos elementos, la información llega de manera igual a todos los ciudadanos, que en cada caso, respondiendo a sus intereses, ideología, situación social o cosmovisión en general, se forman una opinión autónoma y sincera a cerca de ese hecho que se le presenta o se le informa.

La perversión se produce cuando los medios, con la intención de crear cierta reacción u opinión en el publico buscando ciertos intereses, modifica la información, la selecciona amañadamente, la oculta, la exagera, la llena sofismas o a falacias de autoridad, de poder, etcétera, para favorecer los intereses que sirve.

Un ejemplo de lo anterior fue el suceso en el cual los indígenas, en el cauca, expulsaron al ejército de sus territorios. Como el gobierno tenía serios intereses de Estado para desestimar la acción indígena, utilizó a los medios de comunicación masivos para satanizar la protesta indígena. Para ello, informaron, sin ninguna prueba, que los indígenas actuaron maniatados por la guerrilla. Dieron gran resonancia a una declaración de una líder indígena que apoyaba esta acusación. Llegaron incluso a informar que los indígenas desplazaron al ejercito porque ese territorio era un corredor clave para la movilización de droga de las FARC. No mostraron declaraciones de los indígenas. Difundieron ampliamente las declaraciones oficiales que, de los hechos, hacía el gobierno. Al final, no pudo comprobarse que la guerrilla estuviera detrás de las protestas. El mismo hecho se presta para mostrar como la muerte del indígena a manos del ejército apenas si fue informado.

La segunda hipótesis, o sea, la pseudopinión pública, se presenta cuando los medios, atendiendo a intereses de ciertos sectores, tratan de mostrar una opinión que no es dominante, como si lo fuera. Esta opinión puede cumplir las funciones que haría una O. P. real, o peor aún, hacer creer a la gente que lo es, arrastrar las opiniones que suelen adherirse a la dominante y convertirse efectivamente en la dominante. Es por ello que es una pseudopinión,  porque es una opinión falsa, suplantada.

Un ejemplo claro de esta estrategia mediática lo ofrece el mismo hecho anterior, el de los indígenas en el cauca. Allí, un sargento del ejército, que fue sacado a rastras por los indígenas, rompió en llanto porque, según él, se sentía humillado e indignado. Los medios inmediatamente se valieron de este hecho para promoverlo y crear la pseudopinión pública de que “todos los colombianos” estaban “conmovidos” con ese hecho. El ejemplar del domingo 22 de julio de ElTiempo, cubriendo este acontecimiento, dice, en varios apartes, oraciones como: “Su llanto ante la agresión de los indígenas conmovió al país” (p. 1), “El suboficial que conmovió al país habla de la situación en el cauca” (p. 3). Aquí es posible evidenciar una falacia de generalización y una ad misericordiam, en las cuales se dice que “todo el país está “conmovido”. Aunque parezca que esta afirmación es inocua, adquiere trascendencia si se analiza desde su contenido emotivo y simbólico, pues se da por sentado que el sentir del soldado es el sentir general aun cuando esa afirmación caree de bases objetivas que la sustenten.

Como se ve, todo lo dicho anteriormente no es nada nuevo, para nadie es un secreto que muchos medios de comunicación sirven a intereses del gobierno o de grupos económicos, pero aun sabiendo esto, lo que me motiva a escribir esta reflexión es que estas estrategias funcionan tal como si nadie supiera de su existencia. Viendo a mí alrededor la eficiencia de estas estrategias mediáticas voy a terminar por pensar que me equivoco al decir que redundo en tratar este tema.

Por eso, quería exponer esta preocupación para que las personas no se fíen de la cotidianidad de estas estrategias mediáticas, para que las eviten, para que traten de ser más escrupulosas con la información que se les suministra y para que sean más cautas a la hora de elegir la fuente de que se informan.  Todo lo anterior para que puedan formarse opiniones propias y sinceras, que tengan la fuerza suficiente para soportar la presión social que ejercen las opiniones públicas que sean contrarias a su pensar, o estar más convencidos de sus opiniones cuando hagan parte de la dominante.

 

 



[1] Para entender bien esta idea sobre la cultura antisindical en Colombia, consultar: Fundación Ideas Para la Paz (2010). Estudio sobre la cultura frente al sindicalismo en Colombia. Bogotá D. C. Disponible en: http://pnud.org.co/2012/informes/FIP/Informe%20Final.pdf (junio, 2012)

 

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