“La Imitación de Goethe” de Silvio Villegas

 

Pedro Felipe Hoyos Körbel

 

 

La bibliografía colombiana es casi tan portentosa como la misma gente colombiana. Son los propios contrastes los que impiden muchas veces ver con facilidad las joyas de nuestra literatura. Autores fantásticos han abarcado temas que usualmente se leen en los consagrados autores europeos. El ingenio, la creatividad y la madurez no son características escazas en nuestra cotidianidad de la escritura a pesar que ciertas editoriales y sus críticos de casa trasmitan una impresión muy distinta. En el pasado como en el presente, en Colombia, se publican libros asombrosos.

Quiero hablar de uno de esos libros que a pesar que ya tuvo su cuarto de hora, tiene potencial para muchos debates más. Quiero hablar de “La Imitación de Goethe” de Silvio Villegas. En mi opinión hay un aspecto que no se ha destacado, me refiero a la connotación política de ese precioso ensayo escrito en 1941 y publicado en 1945 acompañado por otros trabajos sobre literatura como la obra de Marcel Proust.

Es en la obra “Colombia siglo XX” (1980) de José Fernando Ocampo Trujillo que se puede leer con claridad  que sucedió en Colombia durante las primeras décadas de siglo XX. Ocampo precisa la estrategia política de los EUA para hacerse a la hegemonía mundial, después de la Primera Guerra Mundial; recalca como los norteamericanos desplazaron a los ingleses y franceses apoderándose del istmo, haciendo el canal y prestando ingentes sumas al gobierno, fuera de pagar la indemnización por Panamá. Dice que a pesar de que esto sucediera durante gobiernos conservadores, fue el partido liberal el gran aliado de los EUA en su penetración en Colombia. Personajes como los presidentes Olaya Herrera, Santos o López Pumarejo beneficiaron a los norteamericanos e hicieron de la estrategia norteamericana parte de su credo político: desarrollo a través de inversión extranjera.

El antagonismo llegó a su punto álgido cuando el partido conservador con Laureano Gómez al frente pensó en una alianza con Alemania para suplantar a los norteamericanos como financistas. Y con el surgir de Adolf Hitler y sus nacionalsocialistas a partir de 1933, para cierta parte del conservatismo Alemania como socio comercial se tronó aún más atractiva ya que se vislumbraban denominadores comunes en lo ideológico. Después de 1930 los conservadores en la oposición se identificaron plenamente con Alemania y el partido liberal gobernante respaldó enteramente las aspiraciones del capital norteamericano.

Bien iniciada la Segunda Guerra Mundial, la natural neutralidad colombiana, bajo presión norteamericana y el hundimiento de unas goletas colombianas por submarinos alemanes, debió ceder a la declaratoria de “estado de beligerancia” el 27 de noviembre de 1943, llevada a cabo por el gobierno Santos. Colombia prohibió el alemán e internó en campos vigilados a ciudadanos alemanes, italianos y japoneses. Más de una ferretería alemana fue confiscada y nunca devuelta a pesar de haber cesado las hostilidades. Por supuesto, la situación entre los dos partidos políticos colombianos, referente a la Guerra Mundial, se tornó aún más tirante.

David Fernando Varela S. en su libro “Documentos de la Embajada” (1998) basado en documentos del Departamento de Estado norteamericano que reproduce los comentarios sobre el acontecer político colombiano emitidos por diplomáticos norteamericanos entre los años 1943 y 1953, destaca de la siguiente forma este choque: “…Esas declaraciones no bastaron para tranquilizar a la inquieta diplomacia norteamericana de la época, sobre todo cuando pocos días después llegó al Departamento de Estado un informe del FBI que señalaba como los principales líderes antiamericanos del partido conservador a los periodistas José de la Vega, Silvio Villegas y Gilberto Alzate Avendaño…” (p.29). La oposición conservadora presentó ante la opinión pública la penetración del capital norteamericano como parte de un peligroso proceso de pérdida de soberanía nacional, planteamiento muy similar al que esgrima la izquierda colombiana. Recalcaban “Los Leopardos” que el partido liberal estaba feriando el país y sus recursos, en cambio el partido conservador proponía: “…Es mil veces preferible nuestra pobreza y nuestra ignorancia, nuestra pequeña industria y nuestro artesanado colonial, laborioso y libre, que siquiera asegura el pan de cada día para todos…” (Esta frase es de Aquilino Villegas, data del año 1934)

Así que un libro publicado en 1945, plena guerra mundial, sobre el más destacado pensador y artista alemán sobre el cual el mismo Villegas afirmaba: “…Fue la lectura de Goethe la que le dio a nuestro grupo político la idea suprema de la república financiera, que no es una tesis materialista, sino un concepto objetivo de la cultura…” (p.9-10), no podía ser visto por los norteamericanos con paciencia y para Villegas y su grupo debió significar un excelente asalto a las líneas enemigas. Es curioso que Goethe, al cual el régimen nazi, poca atención prestó, haya sido el caballo de batalla de este enfrentamiento entre liberales y conservadores y creo que la misma Alemania ignore que Goethe y su obra haya desempeñado en Colombia un papel tan detallado durante esa fatídica guerra.

Silvio Villegas como sensible escritor hace un elaborado retrato de la dimensión intelectual del gran alemán. Obra por obra, del “Fausto” hasta “Los sufrimientos del joven Werther”, Villegas desataca la originalidad del aporte del padre del romanticismo germánico. Se nota en los comentarios de Silvio Villegas sobre Goethe la juiciosa lectura del gran texto “Ocaso de Occidente” del pensador Spengler, más las conclusiones del escritor manizaleño, son autóctonas. Esta pieza vale la pena releerla por su gran compenetración con el pensamiento alemán y su bello idioma para resaltar valores emblemáticos de la civilización de Occidente.

Washington debió entonces ver con gran inquietud que las baterías contra su actuar en Latinoamérica y su política durante la guerra mundial eran dirigidas precisamente desde las páginas de “La Patria” periódico conservador con sede en Manizales y fue solamente con la derrota alemana firmada el 7 de mayo de 1945 que los norteamericanos pudieron descansar y a los conservadores les correspondió buscar un nuevo norte político, todo ese escarceo fascista del partido azul llegó a su fin y obligatoriamente a sus ideólogos les tocó retomar la tortuosa senda democrática republicana.

 

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