“La Democraciaen América” de Tocqueville, y el Bicentenario

Pedro Felipe Hoyos Körbel

Se sabe que los viajeros avezados, antes de partir hacia un nuevo destino, se informan a través de lecturas acerca del país o ciudad por conocer. Saber la historia, estar enterado de los hijos ilustres que hayan nacido allá, conocer las costumbres, además de manejar esa información basica en el campo de la logística como tasas de cambio y horarios, son parte del viaje mismo. Cuánto agradece el viajero tener a su disposición una novela sobre su lugar de viaje. Seguro de que el goce y la comprensión aumentan considerablemente, lo visto se convierte en vivido.

Para el metafórico viaje al Bicentenario me preparé recurriendo igualmente a algunas lecturas previas para entrar en ambiente. Siendo yo un viajero solvente en lo político e histórico del bicentenario opté por hacerme acompañar por los filósofos paradigmáticos citados ya por historiadores ya por los mismos protagonistas.

Aparté, hace dos años, en un espacio de mi biblioteca estos libros: “El Contrato Social” de Rousseau; “¿Qué es el Tercer Estado? de Sieyès; “Ensayo sobre el Gobierno civil” de Locke; “Los Derecho del Hombre” de Paine, “El Espíritu de las Leyes” de  Montesquieu, de Voltaire “Cartas inglesas” y las “Cartas filosóficas”, de Burke “Reflections on the Revolution in France” y una interesante continuación dela Enciclopediaeditada por Anette Selg. Incluí “La democracia en América” de Tocqueville, equívocamente. Fueron estos arcanos mayores mis viáticos espirituales para ese viaje.

Empecé por desempacar al autor para mí desconocido: Alexis de Tocqueville. Por no haberlo leído nunca, no estaba al tanto de que este libro había sido escrito en 1831 y publicado o poco más tarde (1835 primera parte, 1840 la segunda), por supuesto bastante después para poderse clasificar o asumir como influencia para la independencia de Hispanoamérica.

Pero el estilo fluido fue el gancho para no interrumpir la lectura, se supone que la descripción del funcionamiento de un sistema político debe ser arduo y algo pesado, más este hombre me demostró lo contrario. Su atenta mirada que produce sorprendentes textos hace interesantísima su lectura. Tocqueville describe con sutileza las instituciones norteamericanas, hace una comparación con algo parecido francés, pasa a dar su explicación ubicando lo descrito dentro de un todo. Se apoderó de mí la deliciosa sensación de encontrarme con un libro superior, se trataba de esa fortuna que sucede cada 100 libros que leo.

Algo sobre Tocqueville: Nace en  Paris en 1805, era bisnieto de Malesherbes, ministro de hacienda de Luis XVI y su defensor ante un tribunal jacobino, por esto fue guillotinado en 1793. En la coyuntura política de 1830, había asumido el gobierno el rey Luis Felipe ( Revolución de Julio), siendo magistrado de la Cortede Justicia de Versalles prefiere Tocqueville pasar a los Estados Unidos de América en el año 1831 aestudiar, presencialmente, el sistema penal norteamericano. Aquí nace este libro basado en lo que él vio y analizó. Durante el gobierno revolucionario de 1848 en Francia fue diputado al congreso y ministro de relaciones exteriores. Después del golpe del 2 de diciembre de 1851 fue el líder de la oposición parlamentaria contra el nuevo rey Luis Napoleón. Sufrió el exilio en Alemania y en Italia pero pudo regresar a Francia en 1856 y casi finalizar su obra maestra “L´Ancien Regime et la Revolución”. Para el año 1859 (16 de agosto en Cannes) se extingue la vida de este apasionado e inteligentísimo liberal.

Lejos están sus observaciones de ser un relato de viaje, ningún acontecimiento social es referenciado en este balance redactado por un abogado interesado en la ciencia política.

Es comprensible que los  sociólogos reclamen a Tocqueville como uno de los suyos. Su texto no inicia con el análisis dela Constitución, ese faro, que desde el año de 1787, orienta a más de una constitución. Tocqueville concibe la sociedad antes que el sistema político y de esta forma hace un análisis, que constantemente referencia a ambos.

A propósito: “…El estado social es ordinariamente el producto de un hecho, a veces de las leyes, lo más a menudo de las dos cusas reunidas; pero una vez que existe, se le puede considerar a él mismo como la causa primera de la mayor parte de las leyes, de las costumbres y de las ideas que regulan la conducta de las naciones; lo que produce, lo modifica. Para conocer la legislación y las costumbres de un pueblo hay que comenzar, pues, por estudiar su estado social…”

Al leer a Tocqueville recordé a tres forjadores de nuestra Independencia: Miranda, Torres y Bolívar.

Miranda, por haber viajado igualmente por los EUA y haber dejado un bello diario de su recorrido. Este relato, como muchas cosas de Miranda, sí esta plagado de referencias sociales, de cuando y porque almorzó con Jay o con Hamilton, sus observaciones políticas no poseen la agudeza del francés y sumándolas no constituyen un sistema. Esto no le resta méritos a d. Francisco; a Miranda lo veneramos por haber hecho todo lo posible por crear una escuela parlamentaria en Caracas entre 1811 y 1814, y por sus intervenciones para redactar el acta de Independencia, reunir un congreso y ratificar una constitución. Su mera presencia firmando la constitución, colocando una glosa al pie de su firma, él vestido con uniforme de gala de general de la revolución francesa, son momentos grandes de nuestra historia.

A Camilo Torres, por hacer el ejercicio de crear un estado a la inversa de que lo habría hecho Tocqueville: el popayanejo debería haber “viajado” primero por la sociedad neo granadina y después diseñar unas instituciones. Tal vez así, lo propuesto por él y los federalistas le hubieran aportado mayor solidez a estas repúblicas recién escapadas del regazo español.

En el Diario Político de Santa Fe de Bogotá, periódico dirigido entre los años 1810-1811, por su primo hermano F. J. de Caldas, se ve el anuncio en el que se ofrece el libro dela Constituciónde Filadelfia, texto que se convirtió en el manual del patriota por excelencia, guía máxima para redactar, o más bien calcar, constituciones. Camilo Torres al ignorar la casuística y desconocer muchas cosas del mundo, se limitó a establecer un sistema abstracto, seguramente irrefutable en lo académico, pero que no logró desencadenar una dinámica democrática.

En 1916, cien años después de sufrir Torres el martirio, el discurso  inaugural de su estatua en Popayán, Valencia, el Magnífico, lo cerró con estas frases:

“…Alma de Torres, alúmbranos. Martirio de Torres, confórtanos. Virtud de Torres, inspíranos. Verbo de Torres, muévenos. Gloria de Torres, aliéntanos. Sangre de Torres, sálvanos.”

Por último a Bolívar: El Libertador reunía las cualidades de sus dos compañeros de lucha. Era un genial político, agudo ideólogo y atrevido militar. Personalidad ideal para dirigir una independencia y sembrar un bosque de repúblicas. Al Bolívar “sociólogo” se le puede rastrear en sus proclamas y escritos, desde el “Manifiesto de Cartagena” en 1812, hasta su máxima producción que es el “Mensaje al Congreso de Bolivia” de 1826, pasando por supuesto por el “Discurso de Angostura” de 1819. Cada día Bolívar asimilaba y comprendía las virtudes y contrariedades de su entorno. El sumo de estas observaciones lo vertía en sus textos que muestran cómo su concepto político está al servicio de conclusiones sociales.

Llama la atención que a los cuatro visionarios arriba descritos, el destino no les concedió la gracia de ver la revisión de sus preocupaciones, murieron, prematuramente y agotados.

 

 

 

 

 

Tags: , , , ,

Deje aquí su comentario

Usted debe estar registrado para comentar este artículo.