A propósito de la Noche del Fuego

manuelignaciomorenoo

 

Manuel Ignacio Moreno Ospina

“Marías, fiestas y rituales” nombre de un trabajo de investigación que efectué durante los años 2006 a 2009. Realizo una disertación socio-antropológica de la dinámicas culturales de celebraciones sagradas y profanas en Salamina, entre ellas la Noche de Fuego. Los resultados parciales los socialice en el Cusco (Perú) en el 2012. Coincidencialmente anoche me notificaron que el artículo será publicado en la revista de “Festividades culturales de Latinoamérica”, revista de la Universidad de Montevideo (Uruguay), el próximo semestre del 2014. Comparto con ustedes un fragmento, pues los derechos en este momento son de la Universidad… cuando salga la revista prometo mayor difusión.

(…) En la organización social de las familias en los municipios del departamento de Caldas, cuya herencia de la colonización antioqueña ha permanecido desde el siglo XIX hasta nuestros días, puede distinguirse un rasgo fundamental, a saber, el papel de la madre en la jerarquía y estructuración de la familia como un centro dinamizador de la unidad familiar y el grupo social que circula a su alrededor, esto cabe decirlo, antes del ingreso de la mujer en el mercado laboral y por tanto en comunidades esencialmente rurales o que dependen en gran parte de la agricultura. En este sentido, la investigación aquí presentada tiene como punto de partida tres referencias conceptuales: en primer lugar la visualización del papel de la mujer y en particular las madres en el núcleo familiar desde la perspectiva del matriarcado desde donde se configura un cierto tipo de autoridad en la unidad familiar que luego se exterioriza para nuestros casos en la “fiesta”, segundo referente conceptual que entendemos desde Émile Durkheim (1925) como una práctica que permite revivir y actualizar la identidad del grupo y poner en evidencia las formas de estructuración social. Lo anterior, es entretejido por la religión en este caso católica, comprendida desde Clífford Geertz (1940) ,como un sistema cultural de símbolos que construyen vigorosos y penetrantes vínculos de concepciones, motivaciones, estados anímicos los cuales dan sentido y orientan la vida individual y colectiva.

Parados en el anterior trípode conceptual se observó durante dos sesiones en campo en los años 2006 y 2008 durante unos ejercicios prácticos de métodos y técnicas de etnografía visual, cómo la creencia en María la Parda, una vieja leyenda aún vigente en la tradición oral entre los habitantes del municipio en la que se dice que María, esposa de Juan Bermúdez vendió el alma al Diablo a cambio de obtener riquezas que luego escondió en unas cuevas cercanas al corregimiento de San Félix, custodiadas por el mismo Diablo, evidencia un cierto tipo de conocimiento sobre la vida y el territorio entre los campesinos y habitantes de Salamina, pues se dice, que María después de perder a su esposo estuvo deambulando por las veredas de Salamina asustando a campesinos y niños de la zona y en su afán por arrastrar otra víctima se aparece en las noches en forma de luz para llevárselo, luz que en interpretación de los “guaqueros” es señal de las riquezas enterradas por ella y su marido con ayuda del diablo. Ésta leyenda fue institucionalizada bajo la coordinación de la antropóloga Ámparo Serna Isaza en 1982 y celebrada todos los 31 de octubre de cada año, celebración que permitiría recordar a los niños la Tarde de María La Parda, a través de disfraces alusivos al personaje y otras representaciones locales del municipio.

Por otro lado, la Noche del Fuego, celebrada los días 7 y 8 de diciembre, surge de una iniciativa de encuentro popular por los habitantes del municipio, para celebrar con mayor ahínco el tradicional alumbrado de la Inmaculada Concepción, con prácticas apropiadas de las culturas paganas que adoraban el fuego, de este modo la fiesta se organiza de nuevo alrededor de las mujeres, quienes lideran la fabricación de los faroles desde octubre con particulares diseños, hechos con una delicadeza artesanal que empieza a ser objeto de prestigio entre las familias y que luego exhiben con orgullo ante los vecinos de cada cuadra. Siendo las nueve de la noche, las farolas son encendidas hasta la media noche, donde un espectáculo pirotécnico hace confluir a todos los salamineños como espectadores alrededor del Parque Principal en un encuentro marcado por la iconografía alusiva a la Virgen y su momento de la Inmaculada Concepción. Ésta fiesta colectiva acompañada de eventos culturales, conciertos y presentaciones en distintos escenarios del pueblo, crean un ambiente de encuentro entre los habitantes del municipio y los familiares que han emigrado, razones por las cuales la fiesta en sí toma colores y connotaciones significativas para los salamineños residentes y visitantes como un momento festivo con una inmensa carga emotiva para sus participantes, donde se actualizan y reviven momentos colectivos de su comunidad ( Zapata,2008). Estas dos fiestas en homenaje a la feminidad tienen entre sí dos lazos conectores a primera vista, por un lado sobresale la imagen de la mujer (no solo el personaje de María y la Virgen de la Inmaculada Concepción sino la mujer en Salamina como tal) como orientadora de la familia y el grupo social al que pertenecen; por el otro, el homenaje a los muertos presente tanto en la fiesta de María la Parda como en la Noche del Fuego pues dentro de la celebración se realiza un evento en el Cementerio San Esteban.

(…) La fiesta patronal con sus elementos religioso y festivos, como espacio de cohesión comunitaria, de encuentros y de juegos de poderes ofrecen la posibilidad de construir y des-construir y re-significar la vida toda ella religiosa, social y cultural en muchos niveles, especialmente en aquellos en que la comunidad está más débil, la economía la salud, el trabajo, las cosechas, las ventas de producto.

La fiesta permite que algunas restricciones de la vida corriente se levanten, que los cuerpos tomen consciencia de su poder lúdico y lo manifiesten, que la vida se abra a otras posibilidades de relacionamiento. “el ritual más severo, sobre todo si es colectivo, sirve a la sociedad para abrirse a una “visión alternativa de sí misma inventar un mundo nuevo por la dramatización de nuestra realidad social”.

El ícono de María Inmaculada, la virgen afirma la inferioridad del destino humano. Remontándose sobre los hombres y la mujer que la veneran, la virgen concebida sin pecado original, más bien recalca que alivia el dolor y la ansiedad, y acentúa el sentimiento culpabilidad. María es la otra cara de “Eva”, los dos símbolos femeninos provocan toda la auténtica emoción que el relato de la caída busco explicar y el relato de Dios trato de remediar.

El culto a la Virgen María. Comunica un concepto multi-estratificado de feminidad ideal, en el que siglos de ilusiones masculinas han dejado su residuo de grandeza, también perdura como un beta, un fértil yacimiento de lo femenino constantemente disponible para cuestionamientos disponible para cuestionamientos y reformulaciones. La virgen María no es un arquetipo innato de la naturaleza femenina; es más bien el instrumento de una dinámica argumental de la iglesia católica acerca de la estructura social, presentada como código determinado por Dios. La visión ascética e idealizada de la virginidad, se impuso gradualmente a un culto que en sus comienzos había sido una encarnación de valores femeninos. Tanto el amor cortesano como el culto a la virgen María eran aspectos de un intento por crear una cultura nueva. María la mujer comprensiva, afectuosa, simpática, a maría madre a quien correspondió el pueblo (…)

Tags: , ,

Deje aquí su comentario

Usted debe estar registrado para comentar este artículo.