DE LO PRECOLOMBINO A LO MONSTRIFICADO

José Orlando Muñoz G[1].Emmanuel David Márquez S.

 

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Resumen.

Nuestro propósito es identificar el discurso que da vida a América y los intereses que la gestan; entender la relación conflictiva entre lo precolombino y las dinámicas del mundo Europeo, cuyas representaciones se han impuesto a nuestra cultura con fines de controlar y dominar. Somos lo que han dicho de nosotros. Siguiendo la propuesta de orden moral presentado por Charles Taylor buscamos determinar el imaginario social que identificó al nativo como un monstruo. En una apuesta por la memoria buscamos responder la pregunta del Pensamiento Latinoamericano ¿Qué hacer con nuestro pasado?

 

 

 

 

Palabras claves: Moustrificación, Imaginario social, Orden moral, Discurso, Prácticas, Representaciones, Precolombino, Pensamiento latinoamericano

 

 

 

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en  un monstruoso

insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la  cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el que  casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas  patas, penosamente delgadas en comparación con el grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto.

F.Kafka.

 

Preludio:

La historia, lejos de ser una ciencia del pasado cuyo profesional lucha contra las telarañas de libros viejos inmortalizados en los anaqueles de cuartos oscuros denominados técnicamente archivos, es una ciencia del presente, busca comprender y explicar los orígenes de nuestros tiempos, nuestras instituciones, tradiciones, etc. Y ello a través de lo que en el gremio se conoce como reliquias o vestigios, en otras palabras, a través de pruebas que cumplen la función de sustento material que ha quedado en el camino recorrido en el tiempo y espacio por el “Hoy”.

Siguiendo la anterior aclaración, comprendemos entonces que cualquier trabajo historiográfico busca develar el entramado de relaciones entre el tiempo pretérito que se manifiestan en el presente, e identificamos que el propósito de dichos trabajos es ofrecer una explicación crítica y racional fundamentada en pruebas fehacientes.

En este orden de ideas, pretendemos en el presente artículo comprender la relación con nuestro pasado, con el proceso inmerso en el devenir de nuestra cultura que nos identifica como lo que somos hoy. Partimos del supuesto que indica que America es un discurso, que se ha nombrado y se ha creado desde una cosmogonía harto diferente en la cual, no hay cabida para lo que conocemos como ancestral.  Nuestro propósito es identificar el discurso que da vida a América, los intereses que la gestan y entender la relación conflictiva entre lo precolombino y las nuevas dinámicas impuestas desde el nuevo mundo, cuyas representaciones se han impuesto a nuestra cultura con fines de controlar y dominar; somos lo que han dicho de nosotros.

Introducción:

Nuestro punto de partida se encuentra en el proceso de conquista y colonización por parte de los españoles, en este momento identificamos el discurso que indica el paso de lo precolombino a lo moderno, entendiendo lo moderno como el proceso de aculturación sufrido por los nativos americanos antes de la invasión europea; las representaciones y prácticas de esta invasión se impondrán a los nativos del ahora “Nuevo Mundo”. Este discurso lo llamaremos el discurso de la Moustrificacion del otro. Para comprenderlo utilizaremos los grabados de Théodore De Bry sobre el Nuevo Mundo, en donde identificamos una serie de representaciones de las Indias, que superan el discurso narrativo y llegan directamente al plano político y cultural, permitiéndonos llegar al campo de poder, en donde encontramos claramente mecanismos de control y dominación. También utilizaremos algunos fragmentos de crónicas y estudios realizados en las Indias en donde encontramos el germen del proceso de Aculturación llevado a cabo por los españoles en su paso conquistador.

Comprendemos que este discurso se han interiorizado en nuestra cultura sistemáticamente, es decir, a través de un proceso a nivel “macro” estructurado y pensado con fines dirigidos, que encuentra su justificación en el pasado, pero que se repite y se encuentra en nuestro presente vivo. Debido a esto, entendemos que el discurso necesita de unas condiciones para poder primero producirse  y luego reproducirse, estas condiciones las analizaremos bajo la idea de Imaginario social, entendido este según lo propuesto por  Charles Taylor en el texto “Imaginarios sociales modernos”. En él pretende esbozar una descripción de las formas de imaginario social que han acompañado el desarrollo de la modernidad occidental, partiendo de la hipótesis de que en  el centro de la modernidad occidental se halla una nueva concepción de orden moral de la sociedad.

Desarrollo Teórico:

La nueva concepción de orden moral tiene su formulación más clara en las teorías de la ley natural, en donde la idea de orden nos dice algo sobre cómo deberíamos vivir en sociedad, los seres humanos actúan racional y pacíficamente en pro del beneficio mutuo, estableciendo una entidad política sobre la base de los derechos naturales que operan como trasfondo moral y donde la seguridad es el fin principal. Queda claro que los vínculos morales que unen a los individuos están sobre los políticos que se forman, incluso la autoridad política logra ser legítima en la medida en que es consentida por los individuos, de lo contrario se ve justificada la revuelta como forma de imposición de límites al gobierno. A pesar del descrédito y la vigencia del contrato la idea del orden subyacente que existe para el beneficio mutuo de los individuos y defensa de sus derechos ha ganado importancia, se ha mantenido la idea de igualdad bajo el supuesto de naturaleza original.

La idea de orden moral se ha vuelto dominante logrando que cada vez más gente esté de acuerdo con ella y que las demandas que impone sean cada vez más importantes, pasando del discurso teórico hasta convertirse  en el modo en que los individuos imaginan su sociedad.

La propuesta de orden moral que presenta Taylor supera un esquema normativo que rige el accionar, pues no se limita al reconocimiento y aceptación de un conjunto de normas, sino que añade el reconocimiento de un contexto espacio-temporal en donde se desarrollan las acciones humanas. La idea de orden moral es cambiante, se transforma con el tiempo, y para su conformación supera, niega y conserva las anteriores formas morales.

Debido a esto Taylor identifica otro tipo de orden moral que se estructura alrededor de la idea de una correspondencia entre jerarquía social y jerarquía del cosmos, este supuesto identifica un orden preestablecido inmodificable por el hombre, en donde se establece una escala de superioridad desde los individuos de menos valor a los de más valor. En esta concepción pre moderna del imaginario social la diferencia jerárquica es entendida como algo propio y natural de las cosas.

A diferencia de la concepción pre moderna del orden moral, la idea moderna plantea la sociedad constituida por sujetos racionales que buscan y logran su seguridad a través de la ayuda mutua y recíproca, cobijados por la ley se organizan en pro del bienestar colectivo. Estos dos supuestos de orden moral son radicalmente diferentes, pero nos permiten comprender que es el hombre quien se encarga de construir y transformar el orden moral bajo determinado contexto. La modernidad implica un contexto diferente y por ende un orden moral distinto en donde el hombre encuentra en la sociedad la garantía de su seguridad, pero además al seguir este orden normativo de respeto y servicio mutuo, encuentra el ideal de libertad, si y sólo si los demás son libres.

La idea de libertad será el fundamento del orden moral y marcará el proceder del imaginario social moderno, Taylor indica la relación existente entre estos dos elementos, señalando de un lado que el imaginario social corresponde al modo en que el individuo y por lo tanto la sociedad imaginan su existencia, establecen relaciones, crean expectativas, ideas y normas, que se reproducen cotidianamente y se representan mediante relatos, leyendas, historias, imágenes, entre otros. El imaginario social es legítimo en tanto que es compartido por la sociedad en general y sustentado en las prácticas comunes. Nuestras acciones, relaciones y criterios, configuran nuestro imaginario social, ligado siempre a un contexto determinado que se muestra como el telón de fondo a nuestro accionar cotidiano.

En el fondo de este intento por identificar y analizar el discurso que han dado paso a lo que somos, está la pregunta planteada y desarrollada por el pensamiento latinoamericano ¿Qué hacer con el pasado?  En este caso, hablamos de un pasado ancestral, que busca ser reconfigurado a través de la memoria colectiva, en donde la historia y muchas disciplinas más deben trabajar.

Teniendo en cuenta la anterior definición de imaginario social, identificando previamente el discurso que nos ha nombrado a continuación mostraremos el porqué del monstruo, narrando el paso de lo precolombino a la transformación del nativo en una figura decadente y deshumanizada.

 

 

Análisis y Argumentación: Partiremos del análisis del encuentro de dos culturas tan poco análogas, que  no podrían convivir cómodamente y de forma pacífica, puesto que el ser humano en su desarrollo paleopsicologico le teme a lo desconocido. La solución para resolver este miedo, desde la perspectiva europea consistió en erradicar la causa del temor. Los fines políticos y económicos de los visitantes hicieron que el otro, el diferente o el extraño se viera despojado de alma, dueño de un cuerpo sucio y malévolo digno solamente de morir bajo las armas de Dios. Así que ese nativo desconocido para el extranjero, del cual no se tenía ninguna referencia fue considerado un “Moustro” por no tener las prácticas, por no seguir las creencias, por no adorar al Dios civilizado; por honrar una variedad de dioses presente en los astros y en naturaleza inaceptables para los ahora superiores, a cuyas prácticas, creencias y formas de vivir se deberían adaptar los nativos.

Lo que más escandalizó al explorador europeo fueron las prácticas antropófagas, como lo indica la crónica de Fernández de Oviedo en su libro de “La Natural Historia de la Indias” el cual nos dice: “Los caribes frecheros, que son los de Cartagena y la mayor parte de la costa, comen carne humana, y no toman esclavos ni quieren ha vida ninguno de sus contrarios ó extraños, y todos los que matan se los comen, y las mujeres que toman, sirviesen de ellas, y los hijos que paren (si por acaso algún Caribe) se hecha con las tales, cómanselos después; y los muchachos que toman de los extraños, cápanlos y engórdenlos y comenselos”[2] o como también lo muestra Pedro de Cieza de León en su crónica “La Crónica del Perú”: “En medio de este pueblo esta una gran casa de madera muy alta y redonda con una puerta en el medio en lo alto de ella, había cuatro ventanas por donde entraba claridad; la cobertura era de paja; así como entraban dentro, estaba en alto una larga tabla, la cual la atravesaba de una parte a otra, encima de ella estaban puestos por orden muchos cuerpos de hombres muertos de los que habían vencido y presos en la guerras, todos abierto; y abrianlos con cuchillos de pedernal y los desollaban, y después de haber comido la carne, enchian los cuerpos de ceniza y hacianles rostros de cera con sus propias cabezas, poníanlos en la tabla de tal manera que parecían hombres vivos”[3] .

También causó estupor la desnudez en la mayoría de indígenas americanos como lo muestra los diarios de Cristóbal Colón: “Luego vinieron gente desnuda” (12.10.1492); “Desnudos todos, hombres y mujeres, como sus madres los parió” (6.11.1492); Lo que indicaba para un hombre europeo como Colón que estos nuevos seres estaban despojados de toda propiedad Cultural y que se caracterizaba por la ausencia de costumbres, ritos, religión (Lo que tiene cierta lógica, puesto que, para un hombre como Colon los seres humanos se visten después de la expulsión de Paraíso, que a su vez, es el origen de su identidad cultural). Dichas conductas eran totalmente aberrantes y desviadas de la moral cristiana reinante en Europa, por lo cual se le relacionó con el paganismo y lo extraño, lo que lleva a inducir que los practicantes de dichas actividades eran monstruos. ¿Pero esta apreciación Europea es cierta?, ¿El hombre americano es un monstruo por sus exóticas prácticas?

También podemos encontrar la moustrificacion del ser en algunos aspectos culturales como lo fue la lengua; el mayor ejemplo de ello lo encontramos en la primera impresión que tuvo Colón al intentarse comunicar los con aborígenes; Colón al llegar a América desconoce la diversidad de las lenguas, lo cual, frente a una lengua extranjera, sólo le deja dos posibilidades de comportamiento complementarias: Reconocer que es una lengua pero negarse a creer que es diferente, o reconocer su diferencia, pero negarse a admitir que se trata de una lengua[4].

Ahora abordaremos el tema religioso en la moustrificacion; El hombre europeo al llegar a las nueva tierra se encontró con una multiplicidad de deidades que en algunos casos exigía sacrificios humanos (como los aztecas) lo cual horrorizo al europeo y lo llevó a combatir y erradicar estas prácticas puesto que se creía que estas deidades y sus ritos estaban inspiradas por el “demonio”, llegando a satanizar toda “idolatría precolombina por la violencia que ellos implicaba entre los habitantes precolombinos como lo muestra Rodolfo de Roux: “Los actores de la conquista espiritual (cristianos europeos) sabían muy bien en qué consistía la verdadera religión. Tan bien lo sabían que toda práctica religiosa diferente no podría sino ser idolatría. No es difícil encontrar el mismo paradigma en diferentes tiempos y lugares: el dios de los unos es el ídolo de los otros”[5]. Así mismo recordemos que el imperativo conquistador del hombre ibérico era la evangelización cristiana en esta tierra de “salvajes”.

Sobre la moustrificacion en el aspecto religioso podemos inducir que las conductas contrarias a la voluntad de Dios son desviaciones, que ningún ser debe realizar, tanto así que el que las practica, se le considera “poseído por el demonio” y automáticamente se convierte en un “monstruo” infernal. Tomando como ejemplo esta relación podríamos nombrar la cacería de brujas y la inquisición en la Europa pre-renacentista. De allí se deriva que toda desviación a los imperativos religiosos cristianos serían considerados como monstruosidades.

También podemos rastrear esta moustrificacion del ser desde un aspecto político ya que para poder considerarse “humano Civilizado” era menester poseer una organización social para la administración territorial, lo que Aristóteles llamó “zoon politkon” ya que este filósofo consideraba que la especie biológica humanoide era superior a otras gracias a este aspecto que era muestra de una superior racionalidad, los seres que no tenían de dicha organización no podrían llegar a considerarse “civilizados”. El tener prácticas desviadas, por ejemplo, el antropofagismo; era signo inequívoco de una falta de organización política para establecer normas en contra de estas prácticas (que en el mundo conocido del momento no se conocía estas actividades) desde una visión europea y por ello a estos aborígenes se consideró monstruos.

Pero para hacer un análisis serio, no podemos establecer el término “monstruo” desde una perspectiva netamente europea ni con ideas surgidas en este continente. El europeo al llevar a estas tierras encontrará a diversas culturas con diversos grados de complejidad en las cuales si existían imperativos morales próximos a los ideales cristianos. Dichas culturas también poseían una organización política fuerte y bien organizada como se encuentra en la civilización azteca, pero la extensión y diversidad cultural del continente, sumándole los prejuicios religiosos que traían los viajeros europeos no permitieron consolidar una idea más acertada y abierta de lo que son las culturas precolombinas. No se tomó en cuenta el fuerte simbolismo que existían en esas prácticas “desviadas y aberrantes”, ya que el canibalismo podría simbolizar una transferencia de poder y sometimiento.

Y no solo son cuestiones de organización social las que llevan a pensar que el nativo americano es un “monstruo” también lo es, la violencia con la que realizaban sus guerras y sometimientos. Al llegar el hombre europeo vio en algunos de los habitantes se desmembraban, decapitaban y sacrificaban a los sometidos, indicando que los naturales de estas tierra no tenían el más mínimo sistema social e institucional  para someter a sus enemigos. Para la concepción europea de la época la aplicación de la violencia solo estaba en manos de la justicia dentro de un marco de medidas aceptadas por la sociedad (leyes o costumbres)  y esta debería ser proporcionada[6]. Dicha interpretación de la violencia intestina que se podía ver en algunas tribus indígenas no debe verse bajo los ojos europeos, pues estaría cayendo en un prejuicio, sino que debemos hacer un estudio más juicioso sobre estas acciones, que para la cosmogonía local tenían un profundo simbolismo, como absorber la fuerza del otro, o al decapitar al jefe de una tribu, significaba la destrucción de liderazgo perdedor en las confrontaciones precolombinas; simbolismo que hacen desvirtuar las “monstruosidades” que se podían ver en el continente americano.

 

Conclusiones

Siguiendo el orden de las ideas expuestas, en donde identificamos y definimos el imaginario social, y mostramos algunos postulados ( Lengua, desnudez, antropofagia, etc.) bajo los cuales se produjo el proceso de moustrificacion de lo precolombino, podemos entender y concluir, que la invasión española creó y sancionó colectivamente una forma de imaginar y relacionarse con los nativos americanos, en donde éstos últimos fueron convertidos en monstruos debido a las diferentes prácticas que daban sentido a su vida y que hacían parte de su contexto u orden social y moral. Parafraseando a Gilles Deleuze “Que el otro no sea nadie propiamente hablando, ni usted ni yo, significa que es una estructura que se encuentra solamente efectuada por medio de términos variables en los diferentes mundos perceptivos – yo para usted en el suyo, usted para mí en el mío.” Según lo anterior entendemos que en el proceso de producción del otro, los viajeros españoles construyeron desde su percepción una figura deforme del nativo americano, una imagen que se perdía en el contexto de explotación de recursos y que sólo fue importante por su validez como mano de obra.

Ya para terminar podemos invitar a una reflexión sobre los prejuicios en los cuales incurrió el hombre europeo al catalogar algunas acciones de los indígenas, esto los llevó a “moustrificar” al ser nativo y ser esto una justificación para el maltrato que sufrió en indígena sometido por parte del hombre europeo durante el periodo de la colonia para encontrarle algún provecho económico. Pero estas acciones “incomprendidas” no son causa de pensar en el indígena como un ser incivilizado, un “monstruo” carente de razón alguna para comprender sus acciones sangrientas. Simplemente fue un ser con una visión diferente del mundo, un sistema moral dispar al Europeo y el resultado de muchos años de adaptación en el continente americano. Esta diferencia fue la que llevo a la incomprensión y posterior sometimiento del nativo por parte del hombre Europeo. Esperamos que esta situación pretérita, este “encuentro de dos mundos” sirva de ejemplo por si el género humano se vuelva a encontrar en una situación semejante en el futuro  y no llegue a  destruir la diferencia, no moustrificarla; sino compartir y construir para mejorar la comprensión del mundo desde otros puntos de vista por parte de la especie “homo sapiens sapiens”.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

-Macia, Ángeles. Historiadores de las indias: Antillas y tierra firme. Editorial: Bruguera: Madrid (1971).

-Todorov, Tzvetan. La conquista de América: El problema del otro. Editorial Siglo Veintiuno: Madrid/Decimotercera edición en español (2003)

-Ramón de Roux, Rodolfo. Dos mundos enfrentados. Editorial Fondo económico de la cultural México D.F/ Sexta edición (1984)

-Aristóteles. Política. Editorial: Istmo (1984)

-Hobbes, Thomas. Leviatán. Editorial Fondo Económico de la Cultural Mexico: Mexico D.F. (1979)

-Colón, Cristóbal. Diario de a bordo. Editorial: EDAF: Madrid (2003)

-De Bry, Theodor. Grandes Viajes: América. Editado y recopilado por Robert Fludd. Editorial: Círculo de Lectores: Bogotá (1993)

-Taylor, Charles. Imaginarios sociales modernos. Editorial Paidos: Barcelona (2006)  

INFOGRAFIA:

http://www.antropologiavisual.cl/imagenes16/imprimir/egana_imp.pdf



[1] Estudiantes Del Pregrado en Historia, de la Universidad de Caldas.

[2] Ángeles María. Historiadores de las Indias: Antillas y Tierra Firme. Pag 93

[3] Ángeles María. Historiadores de las Indias: Antillas y Tierra Firme. Pag 209

[4] Tzvetan Todorov. La Conquista de America: El Problema del Otro. En este libro el autor realiza una excelente relación entre las primeras impresiones de algunos cronistas cuando se encontraron las tierras americanas y el pensamiento Europeo del momento.

[5] Rodolfo Ramón de Roux. Dos Mundos Enfrentados. Pag 173

[6] En el libro “Leviatán” de Thomas Hobbes nos explica la formación del Estado y como este es el único ente facultado para la aplicación de justicia por medio de la violencia. Posteriormente la idea de violencia como forma de castigo jurídico penal se racionalizaría y las penas se volverían más “humanas”.

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