Fecundación in vitro: el caso de Sofía Vergara

 

jaimeenriquesanz   Jaime Enrique Sanz Álvarez

FUENTE:  LA PATRIA Viernes, Mayo 1, 2015

La fecundación asistida, tanto la inseminación artificial como la fecundación in vitro, permitieron que las parejas con problemas de fertilidad pudieran procrear, la llamaron homóloga. Luego la donación de gametos permitió dar solución a otros casos con la intervención de un tercero, el donante, por eso se llamó heteróloga, pensada en principio para las parejas heterosexuales, la técnica permite emplearla igualmente para las parejas homosexuales o en mujeres y hombres sin pareja, inclusive bajo la forma de la maternidad por encargo.

La fecundación in vitro es una técnica que presentó desde el inicio un porcentaje muy bajo de eficiencia (12%) por lo que para lograrla los médicos anidan varios embriones, generalmente tres y puesto que aún así el porcentaje sigue siendo bajo, los técnicos solucionaron la dificultad fecundando un número mayor de óvulos, por lo regular nueve, para cumplir el procedimiento con tres y dejar los restantes crioconservados como recambio para un segundo o tercer intento. Cuando la primera anidación es positiva, los que están guardados son embriones sobrantes. Para muchos este es un problema ético que solo se soluciona fecundando únicamente los óvulos que se requieran para cada intento. No es así sin embargo y en el mundo debe haber cerca de cien mil embriones congelados.

El caso de Sofía Vergara y su novio, el empresario Nick Loeb, quienes congelaron sus embriones para mantenerlos indefinidamente congelados es una inseminación artificial homóloga que no obedece a infertilidad de la pareja, ni a su interés por lograr la paternidad y maternidad inmediata, sino de asegurarla si más tarde desean intentarlo, no se sabe si anidando los embriones en una sustituta que facilite su vientre o en la aportante de los óvulos, esto es Sofía Vergara.

Este caso es diferente a los comúnmente presentados, por ejemplo en la fecundación in vitro post mortem: Un tribunal de Bolonia ha dado vía libre para el procedimiento de implantación de embriones congelados, no obstante que el marido murió en el 2011. La pareja, que se casó en 1998, había acudido dos años antes al centro de fecundación asistida del citado hospital. En ese año realizaron una primera intervención, pero sin éxito en la fecundación. Ocho embriones no implantados fueron congelados con el consentimiento de ambos, se supone, para emplearlos luego, pero nunca dieron su anuencia para su implantación. Después de la muerte del marido, la mujer se dirigió al hospital solicitando la implantación de los embriones. La dirección del centro la rechazó argumentando que, según la ley, era necesario que el marido estuviera vivo. La mujer recurrió y ahora el Tribunal de apelación le da la razón, no obstante que, los embriones se mantienen congelados desde hace 19 años y no obra el consentimiento de uno de los intervinientes en la formación del embrión.

En el caso que examinamos, la pareja rompió y en el acuerdo de separación no se acordaron de los embriones, y ahora uno, el varón, quiere tener con ellos un hijo en una madre portante y la mujer se niega. Hasta ahora todo el procedimiento está arropado por la ley del estado norteamericano donde son vecinos los actuantes, pero el problema que debe resolverse es el de los embriones sobre los cuales cada uno de los protagonistas dice tener derecho. ¿Cuál? No el de propiedad, desde luego, mucho menos si solo se ejerce para destruirlo.

Somos muchos los que entendemos que el embrión es un principio de vida, mejor aún una vida en potencia que merece un trato distinto al de solo materia, de cosa. Este no es un caso de embriones sobrantes, que resultan del nacimiento mediante la fecundación in vitro cuyo primer intento deja sin utilizar los embriones fecundados de más. En este evento, el propósito para el que se hizo la fecundación no se ha cumplido, ni siquiera intentado y, si uno de los intervinientes lo solicita y asume las responsabilidades por principio debería cumplirse. La otra no debería oponerse, aún cuando puede asumir la condición de madre biológica, o de donante. Este es el resultado de aplicar las técnicas solo por el deseo de los padres, para dar gusto a un supuesto futuro interés de ser padres que deja abierta la puerta a unos resultados no pensados como puede ser la paternidad de un hombre solo, si el novio solo pide para él y no para una pareja, o enfrentados, si la madre biológica decide asumir sus derechos. Cualquiera otra decisión significa que el embrión no cumplirá la razón misma de su creación, no es ni siquiera un embrión sobrante, devino en uno desechable que habrá que destruir, que tal echarlo por el vertedero.

 

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