Ilusión Por el Derecho

jose fernando reyes               José Fernando Reyes Cuartas

Hace ya tres décadas, con la misma cara de ansiedad, estupefacción y un buen porcentaje de angustia –la angustia de quienes salimos de la adolescencia y nos enfrentamos ya, a la vida adulta—concurría yo a esta universidad, a escuchar las doctas palabras de un emérito jurista, epónimo de una generación de hombres grandes y rectos y sabios: el Doctor TULIO GÓMEZ ESTRADA. Con deleitación escuché sus palabras y pude ver la sabiduría de frente, personificada en un hombre fundamentalmente bueno.

Hoy, lejos de emular siquiera un poco al magnánimo Doctor TULIO GÓMEZ, me convoca mi Universidad para hablar con quienes hoy llegan a la Facultad de Derecho. (Los que vamos siendo viejos hablamos de la Facultad de Derecho, ahora se llama de otra manera, pero eso no es de lo que hoy hablaremos). Es por ello un orgullo y un inmenso honor, poner por la senda de lo que significa el derecho, a los Estudiantes noveles de Derecho, no para meterles en la travesía de lo que la dogmática les irá diciendo, sino un poco menos, para sensibilizarnos en el amor por este oficio, arte o profesión.

Y para empezar diré que soy abogado con orgullo. Y ese orgullo dimana de las profundas cosas que a los abogados se nos encargan. Son los quehaceres superiores de la democracia, de la paz, del gobierno, pero también las pequeñas cosas de la gente de a pie, las que nos ocupan. Así vamos de los asuntos de la paz y la discusión con los disidentes del sistema –hoy de la mano del lustre egresado de esa Facultad, el Dr. Humberto de La Calle—hasta las pequeñas disputas de los vecinos por el ruido, por los linderos, por los contratos incumplidos, por las pugnas entre parejas en el derecho de familia.

Sobre los hombros del jurista pesan el futuro de la paz y de la democracia. Porque de su sabia rectitud, depende que el conflicto termine de una manera feliz para las partes, en fin, de su saber, depende que el arreglo de la dificultad, satisfaga a los contendientes. Los juristas no pueden ser una plaga que esparce su mala simiente por los abonados campos de la guerra para que nazca más porfía, más odio y más iniquidad. Si esa fuera su misión, entonces se les habría provisto de poderosas y letales armas y no de la palabra, de la razón y del argumento.

Estudiar Derecho es así, el acopiar las fuertes razones para el combate en la liza incruenta del proceso y el debate. Es proveerse de las superiores armas del espíritu, para defender con ardentía lo que opinamos, en pro del hallazgo de la justicia.

En los hombros del abogado, descansa la justicia. Esa sensación indefinible, inaprensible, casi inalcanzable, que agobia a los juristas en el hallazgo de su significado y su concepto, pero que arroba el espíritu, le calma y le seduce y le apacienta, sólo como sensación de que la voluntad cósmica del orden correcto de las cosas, se ha podido alcanzar. Y todo gracias a la mano del jurista probo, rectilíneo e ilustrado.

En otro tiempo algunos profesores, al llegar a estas aulas, con nuestros ojos de inquietud, nos persuadían de irnos de una vez y renunciar; que había más abogados que pleitos; que ya no cabíamos los abogados; que a las mujeres les bastaba con encontrar marido para olvidar su profesión y por ende se había perdido el tiempo; en fin, que ¡no valía la pena estudiar esto!

Y acaso de verdad, en lo profundo de todos nosotros, la voluntad de partir hacia otras ciencias, no ha sido algo impensado; porque la fama de picardía, de avilantez y perfidia de algunos abogados, se muestran como la enseña y el símbolo de nuestra profesión. Muchos muestran que sus argucias tienen éxito; que su habilidad para timar, dilatar los pleitos, interponer los recursos que no proceden, distraer los bienes del cliente, apoderarse de los caudales confiados, sacar ventajas indebidas del pleito confiado por el cliente, y un larguísimo etcétera de conductas deshonestas y delictivas… rinde carnosos frutos.  Pero esos no son los baluartes de nuestro quehacer; esos ciertamente hacen lo que más se ve, porque lastimosamente en el consciente humano, se ve más la herida que la armonía del cuerpo y resalta más el lunar que el conjunto del cuerpo de la belleza que se admira.

Y acaso eso no sea criticable, porque así es la naturaleza humana; es tan feo y tan fétido y tan fementido, lo que los picaros con tarjeta profesional –que no abogados—hacen, que solo ellos parecen destacarse en la armonía verde del bosque de las buenas personas, dedicadas con fe y con templanza a la invocación del derecho, para sacar adelante sus causas. La misión es construir todos los días, con fe procera, la Ilusión Por el Derecho; porque sólo en esa fe, reside la bondad de la razón, sólo en esa fe descansa la posibilidad de la paz; solo en esa fe, reside la posibilidad de la vida feliz de los conciudadanos.

Porque el derecho es un instrumento para mantener la paz; no sé si para alcanzar la paz; pero si, que no quepa duda, para que quienes vivimos en mancomún, tengamos la posibilidad de dormir sin mayores sobresaltos, levantarnos a respirar el aire matutino con la confianza de que otro no contaminará injustamente nuestro aire, en fin, confiar en que una relativa vida en calma, está garantizada, porque un conjunto de reglas válidas y vigentes, obra como nuestra coraza protectora contra las injusticias, las sinrazones, las violencias, en fin, porque el Derecho, es la mejor forma de combatir la insensatez y augurarnos una vida larga que sólo truncará la muerte como destino natural de quienes apenas transitamos temporalmente por la vida.

La vida del jurista es una vida de esfuerzos; no es un camino apacible, lleno de rosas y placidez y calma. Al jurista llegan todos los problemas ajenos, para que al amparo de su saber, encuentre la solución justa. Y eso desde ya implica que su vida diaria, navega entre todos los saberes. Y que de manera necesaria tendrá que saber de matemáticas,  economía,  ingeniería, medicina, etc., y que para tranquilizar su espíritu bien le vienen altas dosis de poesía y de novela y de música: el jurista debe ser un ser espiritualmente superior. Quienes creen que bastará engullir algunas leyes y recitarlas, lejos están de saber en qué consiste esta profesión. Pero asimismo, quienes creen que hallaron la fuente de la riqueza, y que pronto sus cuentas de banco, sus cajas fuertes y sus faltriqueras, estarán a tutiplén, yerran gravemente.

El oficio de ser abogado, es por ante todo, un ejercicio de dignidad. Algunos cuentan con mejor suerte y acaso puedan darse una vida con más placeres, mejores vacaciones, etc., pero la Profesión rara vez enriquece lícitamente a alguno; se puede vivir con comodidad; se educa la familia con tranquilidad; se vive el día a día con menos sobresaltos; pero que quede claro que quienes andan buscando enriquecerse con el oficio de abogado, erraron en la escogencia de  su profesión. Quizá en la Facultad de ciencias económicas haya mejores saberes para esas pretensiones. Esta no es la casa de los que buscan llenar sus bolsillos. Esta es la casa de los humanistas; esta es otra casa, señores.

La vida de los juristas hoy día, es compleja; porque la exigencia de estudiar, estudiar mucho, estudiar siempre, estudiar todos los días y debatir siempre y con decencia; no es asunto baladí. La complejidad en que anda esta vida de hoy, nos ha puesto a los juristas a saber de todo, a regularlo todo y a veces a resolverlo todo.

Son pretensiones vanas en muchas ocasiones, pero sí que es cierto, que la vastedad del saber, ya parece inabarcable. Nulle dies sine línea, como pregonó Plinio El Viejo, hoy se ha vuelto un mandato  indiscutible para todos los profesionales, pero más para los Abogados.  Y por mucho que haya saberes especializados, se imponen la transversalidad y la globalidad del conocimiento.

Don Eduardo J. Couture, por eso, en sus Mandamientos del Abogado, encabezó su decálogo con “Estudia”, como primer mandamiento, y por eso dijo  “El derecho se trasforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado.”

Quizá demasiada confianza en el Derecho, le haya atrofiado, no sé en qué cantidad. Tantas reglas– ninguna regla, al final, pero sí que es cierto que un dominio siquiera mínimo de los saberes jurídicos, es un imperativo del abogado de hoy. Saber mucho derecho ayuda a no confiar tanto en el derecho, porque en veces la exacerbación jurídica solo acarrea nuevos conflictos.

Quizá sea oportuno decir que hay que saber mucho derecho para poder confiar más en las personas, en su razonabilidad, en su sentido de justicia, en fin, de su humanidad, y al final, la regla sólo servirá para hallar mejor la justicia pero nunca para desdecirla. Al final el Derecho solo debe ser un instrumento para alcanzar la Justicia, y cuando la regla conspire con ese fin, ella deberá ceder.

En los tiempos del constitucionalismo, la fe en la justicia ha renacido de la mano de la Carta Magna, en fin, de esa Ley Superior que es la Constitución Política.

Mi reflexión final es que el derecho debe ser un instrumento para conservar la paz. La paz de los vecinos; la paz de las naciones; la paz de los espíritus. Mi convicción es que el derecho debe servir para crear lazos de confianza; si el Derecho es un sistema de garantías,  entonces los ciudadanos debemos sentirnos amparados y cobijados por esa coraza protectora.

La nula fe en la justicia, en las normas, en los jueces, en fin, en los abogados y su saber, es simplemente el inicio de la andadura hacia la caverna, hacia la venganza privada, hacia la guerra, hacia la razón del más fuerte, esto es, la razón de la fuerza, o como  nos recuerda Pascal, Se ha hecho que lo Justo sea lo fuerte y no que lo Fuerte sea lo justo. ¡Toda una tragedia¡

Esperemos que como hasta hoy, la Fe en el Derecho –como bellamente lo dijera el gran Calamandrei—guíe nuestras percepciones, nuestro hacer y nuestra esperanza. Yo creo en el derecho y a él le debo gran parte de mi felicidad de hoy: me ha dado regocijo espiritual, confianza en la razón, fe en las personas, tranquilidad de alma para recomendar a mis hijos que estudien Derecho.

Esto dijo Couture en sus Mandamientos:  “AMA A TU PROFESIÓN. Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que se haga abogado.” Y eso he hecho. Y encontró el más bello eco que aun palpita en lo profundo de mi corazón sensible de enamorado padre.

Bienvenidos, bienvenidas, a nuestra  Facultad de Derecho. Bienvenidos, bienvenidas a la Casa donde se aprende el sentido de la Justicia. Bienvenido hijo. Gracias.

Comentarios (2)

 

  1. mateo.go says:

    Como quien intenta empezar a nadar, o a encaminarse hacia un largo destino,nosotros los nuevos aspirantes a terminar con exito un dia la carrera de derecho, ingresan con la idea clara que tenemos en nuestras manos el poder de encontrar justicia paz y equidad, en decisiones claves para quienes vivimos en una sociedad donde cada quien tiene derechos y deberes.
    Pero a lo largo del camino nos encontraremos con personas que si bien se preparan intelectualmente de una forma abrumadora, tienen tambien ´GRAN HABILIDAD´ para timar, engañar, dejar procesos dilatados, distraer bienes y como dice Jose Fernando Reyes un larguisimo etcetera de conductas deshonestas y delicitivas, que claro esta rinden carnosos frutos.

    Pero es esa la escencia del derecho…?
    es esa la razon por la cual hemos decidido emprender este camino? o la de intentar con una fe procera, caracter granitico, y total rectitud buscar, vislumbrar, y perseguir una justicia equitativa para las partes, una posibilidad de la vida feliz de los ciudadanos, que lleve a una tranquilidad en la cual podamos vivir mas comodamente sin preocupaciones en una sociedad donde teologicamente nos ha infundido el pensamiento de libre albedrio.

    El camino del jurista no es facil si nos apropiamos bien de nuestro papel bien de nuestro papel ya que cada caso nos llega al corazon, nos sentimos dueños de una decision de un caso de un problema de vida y queremos darle solucion, claro no es facil esa solucion se la debemos a nuestro saber a como nos hemos preparado no solo en nuestro ambito de leyes, si no de cultura en general, medicina, artes, economia, ingenieria etc.

    Hoy en dia la complejidad de la vida nos lleva a que las personas que nos enfocamos en esta profesion cada dia estemos descubriendo, estudiando, y debatiendo ya que nos ponea resolver todo,no enfocarnos en cuanto ganaremos en un futuro o en donde estaremos, solo a mirar de una forma correcta la resolucion de conflictos

    En conclusion podemos decir que el derecho requiere de estarlo palpando, descucbriendolo, estudiandolo, sin pretenciones de enriquecerse o´llenarse los bolsillos´ sin querer pasar por encima de las demas personas ni de ninguna normatividad que nos exiga la ley y por el contrario generar un ambiente de calma, paz y tranquilidad a cada una de las partes que se quiere defender.

  2. julianagomezal says:

    verdaderamente ha tocado las fibras de mi mas profundo ser el recordar en cada linea de estos párrafos lo humano que puede ser un profesional, aun, por encima de su misma profesión. el sentido humanista de este articulo ha conmovido mi ser de una manera sublime y me he deleitado en estas lectura a tal punto de leer y releer para tratar de plasmar en mi, argumentos tan razonables y a la vez tan sentimentales de lo que significa el derecho, reconozco, antes de ser profesional capacitado para enfrentar un deber juridico. ser una persona de pocas que hay en este mundo tan material, donde los valores se han quedado escondidos en casa y que se enfrentan en la ley del que mas tiene, voviedolos tristemente en seres mediocres llenos de lujo y vacíos de espíritu e humanidad, actuando como maquinas de “hacer plata” cuando quien vive así solo sobrevive, y no vive. prefiero como el escritor y decido para mi vida quien vive de su razón y dignidad, y no de su mediocridad que le darà segramente satisfacción economica pero NO tranquilidad del alma

Deje aquí su comentario

Usted debe estar registrado para comentar este artículo.