“Tango” se ha ido…

enriqueytango2“Tango” se ha ido al cielo de los perros.

Al llegar a la casa era el primero en recibirme, y no importa con qué humor llegara o cuánto me hubiera demorado, siempre agitaba su cola, me preguntaba how me había ido y me saludaba de mano.

De la misma manera, mis alumnos recuerdan que, al abrir los temas de clase, siempre estaba allí la imagen amable de mi asesor jurídico.

Casi quince años nos acompañó, hablándonos con sus ojos de uva, su gabán de armiño y su trufa enlutada. Y haciéndome partícipe de su filosofía. No fue acaso él quien me enseñó que “Si es suficiente gruñir no es necesario morder”?  Fue fiestero, bailarín y juguetón. Adorador del viento, de la brisa suave y de los prados verdes. Temeroso del trueno como su jefe. Pero sabía recostarse callado en las piernas de aquel a quien veía triste. De él aprendí a buscar sin cansarme lo que sospecho que está enterrado, como sus huesos o sus juguetes. Nadie más leal que él. Nadie más auténtico que él, que nunca pretendió ser lo que no era. Como perro, esto es como cínico, vivió la seguridad de Diógenes: Soy suficiente como soy.

 

Estoy seguro de que  ahora está en el cielo de los perros porque un cielo sin perros es impensable.

Que en su recuerdo se escriba:

Pasen su tumba… adonde pueda seguir preguntando como el otro Kant:  How? How? How?

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